¿Si o no a la consulta popular?
En el bus que me transporté hace unos días algunos iban sentados y otros tantos parados, me llamó la atención que casi todos los viajantes en sus grupos afines, reían, conversaban amenamente, miraban por las ventanas sin mayores preocupaciones, esto a pesar de lo difícil que se ha puesto la vida en nuestro país.
Dentro del
tráfico el autobús avanzaba lento, paso a paso. De mi parte leía en el
celular a las cuentas que sigo en twitter, indignados de lado y lado, unos a
favor y otros en contra, argumentaban sobre lo “buenísima” o “malísima” que
puede llegar a ser el aprobar o desaprobar la consulta popular planteada por el
presidente de la Republica, en donde no se define si serán entre ocho y diez preguntas.
Que contraste
¿verdad?, mientras en las redes sociales se mataban por el tema en mención, en
el automotor de transporte masivo la gente de a pie trataba de llevarse en paz.
Yo estaba dividido, “¿le entro a la bronca en twitter o mejor lo tomo suave y
me uno a la sabiduría del pueblo?”.
En concreto
guiado por la línea subrayada del texto anterior, pregunté a un hombre
aparentemente mayor quien se encontraba sentado al lado mío (amiguerísimo y con
tono de preocupación). –“Señor y usted, ¿qué opina? de las 8 preguntas de
consulta que quiere lanzarnos el presidente en las elecciones de febrero”.
- Verá, ya
que pregunta. dijo el enternado caballero. - La política en este país ha hecho
mucho daño, tanto que hasta entre familia, incluso, mis propios hijos se han
distanciado. Eso tiene que ver con que el uno, en términos ideológicos, no piensa
igual al otro.
Por
consecuencia, si ni los dedos de la mano son iguales, ¿usted cree que los dos muchachos
van a estar de acuerdo?
-Por
supuesto que no.- respondí.
- ¡Correcto,
correcto! - manifestó en voz alta mientras yo pegaba un brinco del susto. – Si así
lo entiende cree que yo quiero enemistarme con usted por como pienso que debe
votarse en las preguntas de enmienda?, no pues…
Con eso
dicho y a propósito de que el anciano ya se tenía que bajar, me quedó la
siguiente reflexión:
Quienes
defienden la consulta y quienes la desaprueban están en su legítimo derecho de
hacerlo, de eso se trata la democracia ¿verdad?, del respeto al pensamiento del
otro. Por tal motivo, al menos los ciudadanos comunes y corrientes, deberíamos convivir
sanamente y en armonía, a pesar de la decisión que tomemos en las urnas.
En consecuencia,
las peleas hay que dejarla a los políticos, pues al final de cuentas, la última
palabra en los resultados terminará siendo decisión de la parte subrayada en
una de los párrafos de arriba del texto.
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